Un reciente informe de la OCU, sobre limpieza viaria en las ciudades españolas, ha puesto de relieve que las más limpias y cuidadas no son necesariamente aquellas en que los Ayuntamientos gastan más en sus servicios de limpieza sino, probablemente, las que tienen habitantes más cívicos en cuanto al cuidado de lo que es de dominio público.
Recuerdo que el Bilbao de hace más de 30 años era una ciudad con edificios ennegrecidos, probablemente por la acción del polvo procedente de la industria siderurgica. Daba la sensación de una ciudad relativamente sucia. Ahora, junto con Oviedo, Pamplona, San Sebastián, Santander o Vitoria, es una de las ciudades más limpias y luminosas de España. Sin embargo, también es una de las ciudades que menos gasta en servicios de limpieza: 49 € por habitante, con 1.520 habitantes por cada empleado de limpieza. La ciudad donde vivo, Málaga, es una de las que están en la cola en el ranking de limpieza viaria. Y su gasto de limpieza es de 65 € por habitante y tiene solo 650 habitantes por cada empleado de limpieza. Es decir que un empleado de limpieza de Bilbao atiende a más del doble de habitantes que uno de Málaga. Ciertamente, los métodos de los servicios de Bilbao son más modernos y eficientes que los de Málaga, donde es normal ver a los empleados de LIMASA (empresa privada contratada por el Ayuntamiento) de charla y sin preocuparse demasiado por recoger los abundantes desperdicios que adornan las calles. Pero lo que es realmente decisivo, para que una ciudad esté limpia, es la conciencia ciudadana para el mantenimiento de los bienes públicos. Al parecer, en Málaga esta conciencia brilla por su ausencia.
Después de un día de fiesta, es normal ver el espectáculos de bolsas y cascos de botellas tirados en los lugares públicos,
incluidos bancos y zonas ajardinadas, como en la foto superior.
Desde luego, la suciedad de una ciudad también es una consecuencia de un urbanismo descuidado, como el que se puede observar en un artículo anterior donde insertaba una foto de casas en las que los cables eléctricos aparecían en completo desorden, con el consiguiente riesgo, o en la foto de la izquierda, donde una cabina telefónica y unos contenedores impiden el paso, por la calzada, de cochecitos de niño o sillas de ruedas para inválidos. Y estos no son casos extraordinarios. En Málaga es normal ver toda clase de impedimentos al movimiento de los ciudadanos, bien sea por obstáculos en las aceras, o bien por la superabundancia de coches deficientemente aparcados.
Un urbanismo de difícil solución, salvo en las zonas de nuevo urbanismo y nueva construcción. Esperemos que las cosas cambien, significativamente, si Málaga pretende ser la capital cultural de Europa en 2016.
Recuerdo que el Bilbao de hace más de 30 años era una ciudad con edificios ennegrecidos, probablemente por la acción del polvo procedente de la industria siderurgica. Daba la sensación de una ciudad relativamente sucia. Ahora, junto con Oviedo, Pamplona, San Sebastián, Santander o Vitoria, es una de las ciudades más limpias y luminosas de España. Sin embargo, también es una de las ciudades que menos gasta en servicios de limpieza: 49 € por habitante, con 1.520 habitantes por cada empleado de limpieza. La ciudad donde vivo, Málaga, es una de las que están en la cola en el ranking de limpieza viaria. Y su gasto de limpieza es de 65 € por habitante y tiene solo 650 habitantes por cada empleado de limpieza. Es decir que un empleado de limpieza de Bilbao atiende a más del doble de habitantes que uno de Málaga. Ciertamente, los métodos de los servicios de Bilbao son más modernos y eficientes que los de Málaga, donde es normal ver a los empleados de LIMASA (empresa privada contratada por el Ayuntamiento) de charla y sin preocuparse demasiado por recoger los abundantes desperdicios que adornan las calles. Pero lo que es realmente decisivo, para que una ciudad esté limpia, es la conciencia ciudadana para el mantenimiento de los bienes públicos. Al parecer, en Málaga esta conciencia brilla por su ausencia.
incluidos bancos y zonas ajardinadas, como en la foto superior.Desde luego, la suciedad de una ciudad también es una consecuencia de un urbanismo descuidado, como el que se puede observar en un artículo anterior donde insertaba una foto de casas en las que los cables eléctricos aparecían en completo desorden, con el consiguiente riesgo, o en la foto de la izquierda, donde una cabina telefónica y unos contenedores impiden el paso, por la calzada, de cochecitos de niño o sillas de ruedas para inválidos. Y estos no son casos extraordinarios. En Málaga es normal ver toda clase de impedimentos al movimiento de los ciudadanos, bien sea por obstáculos en las aceras, o bien por la superabundancia de coches deficientemente aparcados.
Un urbanismo de difícil solución, salvo en las zonas de nuevo urbanismo y nueva construcción. Esperemos que las cosas cambien, significativamente, si Málaga pretende ser la capital cultural de Europa en 2016.