jueves, septiembre 29, 2005

País competitivo, educación no competitiva

En el último informe del FEM (Foro Económico Mundial), organizador del Foro de Davos, sobre Competitividad Global vuelve a aparecer, por tercera vez, Finlandia en cabeza del ranking mundial seguida de los Estados Unidos. El hecho de que entre los 9 primeros puestos estén los 5 países nórdicos (Finlandia, Suecia, Dinamarca, Islandia y Noruega) echa por tierra la teoría convencional (favorita de los neocons) de que los impuestos elevados y unas prestaciones sociales generosas actúan de manera decisiva en contra de la competitividad. Desde luego, el modelo liberal de bajos impuestos y pobres prestaciones sociales, seguido por algunos países en puestos elevados del ranking como los 3 tigres asiáticos (Taiwan, Singapur y Corea), puede incentivar la competitividad pero también las desigualdades y, consecuentemente, la criminalidad y la corrupción de la Administración Pública que brillan por su ausencia en los países nórdicos. Por lo que respecta a nuestro país, hemos descendido en el ranking del puesto 23 al 29 .

El índice es cualitativo en un 50%, a través de una encuesta a 11.000 empresarios y en otro 50% cuantitativo sobre la base de indicadores macroeconómicos, institucionales, educativos y de innovación tecnológica. Finlandia y Suecia presentan datos macroeconómicos muy favorables: superavit público, baja inflación, gasto en I+D+i entre el 4% y el 5% del PIB (USA el 3,8%) y muy buen nivel educativo.

Es sabido que Finlandia ocupa también el primer puesto en educación secundaria y es interesante constatar que su sistema educativo se basa en el esfuerzo y calidad de los educadores y no en promover la competencia entre los alumnos. No deja de resultar curioso que el país más competitivo del mundo elimina la competencia en su sistema educativo y la sustituye por la cooperación en grupo y la mayor atención hacia los rezagados. No hay fracaso escolar; si lo hubiese sería el fracaso del educador y no del alumno.

Una amiga me envía un e-mail con un artículo de The Observer titulado "Inside the best school in the world" donde se entrevista a educadores finlandeses. Estos temen que los políticos, incentivados por la posición de cabeza de Finlandia en los rankings, quieran introducir mayor competitividad en las escuelas lo que rechazan los educadores, advirtiendo: "the competitive approach tends to lower the overall level". Y añaden: "our poor students do extremely well, so the gap betwen them and the high performers is small compared to that in other countries. But we know you have to work extremely hard with those students. If you stress competition, they will be the losers and the gap will widen".

Una lección que deberíamos aprender en nuestro país, donde algunos confunden una educación de calidad con una educación dura para los alumnos.
En realidad es para los profesores para quienes debe ser dura la educación de los rezagados (poor students). Dicen los educadores finlandeses: "sabemos que tenemos que trabajar 'extremely hard' con esos estudiantes".

martes, septiembre 27, 2005

Los dos conejos

El debate sobre el cambio climático me recuerda a una fábula de Tomás de Iriarte titulada "Los dos conejos". En ella dos conejos discuten si los perros que les vienen siguiendo son galgos o podencos y, entretenidos por la discusión, los perros les alcanzan. La moraleja que escribe Iriarte es: Los que por cuestiones de poco momento dejan lo que importa llevense este ejemplo. Debatiendo sobre si se está produciendo o no un calentamiento global y si este es algo natural o se debe al incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero, como el CO2, procedentes de actividades humanas que utilizan combustibles fósiles, puede que estemos llegando ya al punto de no retorno y que las catástrofes que se generarán en este siglo como consecuencia del incremento de la temperatura de mares y oceanos sean ya inevitables.
El calentamiento global es ya un hecho comprobado en los últimos 30 años. La incertidumbre está en si seguirá aumentando en el futuro, en qué medida y si una reducción drástica de la generación de gases de efecto invernadero puede o no frenar ese calentamiento. Los científicos no suelen plantear posiciones cerradas que no presenten dudas, pero sí advierten de las consecuencias del aumento de las temperaturas: desertización de amplias zonas, disminución de las capas de hielo en los polos, aumento del nivel del mar y un incremento de la fuerza de los huracanes y tifones. Algo que hemos podido comprobar en los efectos destructivos de los huracanes Katrina y Rita.
Otros personajes no científicos, como escritores, grupos ecologistas, hombres de negocios o políticos sí suelen presentar posiciones cerradas y enfrentadas. El escritor Jeremy Rifkin se decanta claramente por la tésis de que "el Katrina es la factura de la entropía por haber incrementado las emisiones de CO2..." como dice en su artículo: El calentamiento global azota Nueva Orleans. Otros, como Michael Crichton opinan lo contrario y culpan a los ecologistas de meter miedo a la sociedad. En su novela State of Fear, Crichton pone de malos de la película a un grupo ecologista que se dedica a crear catástrofes artificiales, con métodos terroristas, para hacer creer a la población que sus tésis sobre el calentamiento global son ciertas utilizando, para conseguirlo, bombas y missiles que derriten los hielos polares. Algo muy burdo para el autor de una obra tan interesante como Jurassic Park.

La moraleja de Iriarte aplicada al cambio climático es que hay que tomar medidas ante la posibilidad, casi segura, de que el calentamiento global se deba, en buena medida, a las actividades humanas aplicando, cuando menos, el protocolo de Kyoto (al que USA se resiste y España incumple ampliamente) y tomando precauciones ante el probable aumento del nivel del mar y el incremento de la fuerza de los huracanes y otros desastres naturales. Por ejemplo, revisando los planes de urbanismo de las costas para minimizar la vulnerabilidad de los habitats costeros.

¿Llegaremos a tiempo o nos comportaremos como los conejillos del cuento?

domingo, septiembre 25, 2005

La percepción subjetiva

Ya me he referido antes a la percepción como una actividad que sucede en nuestro cerebro y que, por tanto, es algo subjetivo cuya correspondencia con la realidad debe estar sujeta a la duda y la investigación. Contínuamente, si nos fijamos, podemos tener ejemplos de percepciones subjetivas que nos pueden conducir a errores en dimensiones, ideas o evaluación de los acontecimientos.

Cuando vivía en Madrid, las dimensiones de las calles, plazas y parques me parecían normales y no demasiado significativas. Después de más de 10 años viviendo en Málaga, cuando visito Madrid algunas calles que me parecían estrechas, como Serrano, las veo ahora bastante amplias y el Paseo de la Castellana o la Plaza de Colón enormes. Antes solía ir andando a muchos lugares en Madrid y las distancias no me parecían excesivas, ahora cometo errores al evaluar los tiempos andando en un Madrid donde las distancias me resultan mayores que las que tenía inmersas en mi cerebro.

Una fuerte adhesión de pertenencia a un grupo genera muy diferentes percepciones y apreciaciones entre los individuos, de acuerdo con esa pertenencia, como podemos ver cada semana en los partidos de futbol donde las numerosas incidencias se califican de maneras opuestas entre los fans de uno u otro equipo. Aunque la precisión de la repetición de las jugadas a través de la TV pueda contribuir a minimizar las dudas, la evaluación de las apreciaciones continúa teniendo claros sesgos favorables a cada grupo evaluador.

En el mundo de la ideología y la cultura se pueden observar todavía mayores subjetividades. Mi relativa preferencia de lectura y audiencia hacia El País, la SER o Canal-Plus, que yo percibo como una muestra de independencia política de centro con ligera tendencia hacia la izquierda, le parece a uno de mis mejores amigos como un sometimiento a lo que él llama el "pensamiento único". Me pregunto que calificativo habría que emplear para los que inclinan sus preferencias hacia la COPE o Libertad Digital. En el mundo de la política, siempre me resulta sorprendente ver cómo el mismo tema o acontecimiento merece tratamientos radicalmente opuestos por parte de los dos grupos mayoritarios que, por otra parte, no realizarían políticas de Gobierno muy distintas salvo en algunos aspectos muy específicos. Por eso, en este caso, esas posiciones opuestas quizás no reflejen auténticas percepciones diversas sino una falta de sinceridad por razones de interés político partidista.

En el campo de la diversión y el ocio, no hay duda de que las cosas se perciben de maneras opuestas por las distintas personas. Probablemente, la mayoría de los malagueños disfrutan de la animación y ruidos de su Feria que para otros (en los que me incluyo) puede convertirse en algo insufrible. Lo mismo podría decirse del botellón o de algunos espectáculos de rock: lo que para unos es alegría y diversión, para otros puede llegar a ser una tortura.

No hay duda de que son las cuestiones que reflejan sentimientos y emociones profundas las que suscitan mayores diferencias de percepción y, por tanto, de opinión. Es el caso de las religiones o de los nacionalismos. ¿Qué hacer para evitar enfrentamientos en estos aspectos? Muchas personas optan por no hablar de estos temas; yo prefiero el diálogo sincero junto con la tolerancia hacia otras opiniones y percepciones.

viernes, septiembre 02, 2005

Jugando a los Universos

La existencia es el gran misterio que, seguramente, nunca podremos desvelar. La Ciencia nos da algunas pistas que están muy lejos de aclararnos algo. Lo que sí parece cada vez más claro es que el Universo en el que estamos es el resultado de una casualidad muy improbable. Surgió hace unos 14.000 millones de años (o entre 10.000 y 20.000 millones de años) de la nada, del vacío. Algo que solo algunas religiones orientales habían sugerido: el budismo y el taoismo. De la nada, del vacío, surge el TODO. De una "singularidad", en el lenguaje matemático, de un punto infinitamente pequeño que explosiona convirtiéndose en un Universo en expansión. Un Universo cuyas características hacen posible que no se colapse, ni se desvanezca en una expansión inestable, sino que permita la formación de estrellas y planetas con una variedad de compuestos químicos tales que resulten en la formación de vida en determinados lugares favorables. La ciencia no puede ir más allá del momento de la creación de nuestro Universo. No tiene sentido hablar de un tiempo anterior al Big-Bang.
Pero nosotros podemos especular sobre ello y pensar que pueden haber surgido, o estar surgiendo, innumerables universos que no han sido viables desde el punto de vista de su estabilidad y de la formación de las condiciones para la vida. Estadísticamente, para conseguir un "premio", que sea muy improbable, han tenido que realizarse innumerables "tiradas" por parte de los jugadores.
Contrariamente a la frase de Einstein -en relación con la teoría cuántica- de que "Dios no juega a los dados" se podría pensar que Dios sea un jugador empedernido que juega a "los universos" a base de crear , una y otra vez, universos de los cuales solo algunos, entre millones de millones, tenga unas características que le hagan tan interesante como lo es, para nosotros, el nuestro. Y que ese sea el único papel de Dios: jugar a los universos.
Pequeñas variaciones en los principales parámetros de nuestro universo (gravedad, porcentaje de hidrógeno que se convierte en helio, etc.) le hubiesen hecho inviable para la formación de planetas con vida. Asumo que, en nuestro universo, puede haber otros planetas que albergan vida inteligente, aparte de la tierra, aunque no sean muchos dada la improbabilidad de las condiciones necesarias para esa eventualidad. Por las mismas razones que se necesitarían millones de millones de millones de universos para llegar a uno como el nuestro, en este se necesitan millones de millones de millones de planetas para que solo en unos pocos puedan darse las condiciones para la vida inteligente. Y, naturalmente, si puedo escribir esto es porque estoy en uno de ellos.
La existencia es un gran misterio, imposible de descifrar, pero "mi existencia" es, sobre todo, un hecho extremadamente improbable, que nunca dejará de maravillarme por haberse realizado.


miércoles, agosto 10, 2005

¿Tu quoque, Finlandia?

Muchos tenemos una idea de Finlandia como un país de elevada conciencia medioambiental: el tráfico mayoritario en la ciudad está constituido por el transporte público y las bicicletas, los ciudadanos generalmente separan cuidadosamente los distintos tipos de residuos sólidos, los supermercados disponen de instalaciones para reciclar botellas de vidrio (por las que se recibe algún dinero), la biomasa constituye el 45% del consumo de energía primaria y en el ranking de "sostenibilidad" del mundo desarrollado Finlandia ocupa el primer lugar. Por eso, uno no espera que Greenpeace emprenda una campaña contra alguna política finlandesa relacionada con el medio ambiente. Sin embargo, así ha sido en contra de la poderosa industria maderera finlandesa por las talas de árboles en los bosques primarios de Laponia. El bosque primario es una riqueza en extinción en el mundo; son bosques muy antiguos en los que la mano del hombre no ha intervenido. En España no existen en cantidades significativas y, en el mundo, los principales bosques primarios están en la Amazonia y en franca recesión por las talas incontroladas.

Quienes llamaron a Greenpeace, en su ayuda, fueron los "sami" (el pueblo lapón) que veían su modo de vida amenazado. Los lapones viven de los renos y estos se nutren, en invierno, de liquenes que crecen en las ramas de los árboles de los bosques de Laponia. Cierto que el estado finlandés tiene normas para que la reposición de los árboles en sus bosques de forma que nunca disminuya la superficie arbolada, pero la reposición de árboles de cientos de años de antigüedad no es posible sin un deterioro real del bosque primario. Se trata de no talar en estos bosques, cosa que los empleados de la industria maderera finlandesa no admiten porque supondría la pérdida de cientos o miles de puestos de trabajo. Por eso, los voluntarios de Greenpeace destacados en Laponia para informar reciben toda clase de presiones y amenazas. Incluso ha habido amenazas de muerte como en Brasil. La única diferencia es que, ante las amenazas, la policía finlandesa interviene rápidamente.

Es descorazonador saber que estas cosas ocurren hasta en un país cuyos ciudadanos aman los bosques y la conservación del medio ambiente. Al parecer, hasta en un país como este, los intereses inmediatos tienen prioridad sobre los futuros. ¡ Quo vadis, Planeta !

martes, julio 26, 2005

Fuego y subdesarrollo

Según mis noticias, los fuegos desatados en España y Portugal debido a la fuerte sequía y altas temperaturas están siendo muy comentados en la prensa de algún país nórdico, especialmente el caso de Guadalajara. A la mentalidad práctica de los ciudadanos nórdicos les impresiona la falta de previsión y de civismo que implica la forma en que la mayoría de los incendios se producen: casi todos por negligencias humanas y algunos hasta intencionados. Que en esta situación de sequedad y altas temperaturas se permita que se enciendan barbacoas o fuegos para hacer comidas es algo muy dificil de entender para mentes que comprendan el valor de los bosques y del medio ambiente.
Sin duda, en estos aspectos España se encuentra al nivel del subdesarrollo.
Siempre me ha sorprendido el hecho de que no se limpien los bosques de maleza y que esta no se aproveche como biomasa para generar energía limpia. En algún simposium sobre medio ambiente he hecho estas preguntas a los expertos y las respuestas fueron siempre confusas y poco convincentes. Creo que la razón principal, además de que resulta caro en mano de obra, es que la iniciativa tiene que venir de las Administraciones públicas y es sabido que estas oponen siempre resistencia a implicarse en operaciones cuyos resultados desconocen y pueden suponerles un riesgo. Sin embargo, no hacerlo se ha convertido en un riesgo todavía mayor. Quizás haya que agradecer a los 11 muertos de Guadalajara el que el problema endémico de los fuegos empiece a estudiarse con seriedad para llegar a establecer programas de prevención eficaces a medio y largo plazo. En mi opinión, además de normas estrictas para evitar negligencias, han de proyectarse cortafuegos correctamente situados, realizar limpiezas bien organizadas y en los momentos adecuados, y crear equipos de detección temprana y de acción rápida bien entrenados y coordinados con los recursos comunitarios y estatales. El coste puede ser alto, pero probablemente no tanto como el de los daños que consigan evitar.

Veremos si se ha aprendido la lección de una vez por todas.