martes, enero 17, 2006

¡ Despacio, despacio !

Con enorme interés (y satisfacción) he leído que, en Europa, se va extendiendo un movimiento slow o antiprisas que se aplica a las ciudades, la comida, el trabajo, el sexo, la medicina o la educación.
El movimiento antiprisas surgió en Roma en 1986 como respuesta a la apertura de un McDonald's cerca de la monumental escalinata de la Plaza de España. Nació para hacer frente a la invasión del fast food y del fast life style (el estilo de vida rápido). 18 años después agrupa a más de 80.000 personas en los cinco continentes. Es un movimiento que reivindica la vida tranquila, el respeto a la naturaleza y el placer de gozar de las pequeñas cosas en contraposición con el frenético ritmo de vida actual que impulsa el gran consumo. Y es en algunos pequeños municipios (de no más de 50.000 habitantes) italianos, ingleses, franceses y también catalanes donde se está desarrollando con más fuerza. Se trata de lograr espacios de convivencia, peatonales o de uso de vehículos no motorizados como las bicicletas y de fomentar la artesanía, el empleo tranquilo y las actividades que proporcionan serenidad (las tertulias, el yoga, el taichí, el arte o la lectura) y, desde luego, evitar la comida rápida y la TV.
Las localidades catalanas de Pals, Begur y Palafrugell, han solicitado su adhesión a la asociación internacional de Cittáslow. Las ciudades aspirantes tienen que demostrar que cumplen los requisitos necesarios del movimiento slow que abarca cinco áreas básicas: la política ambiental, la de infraestructuras, tecnología, calidad urbana y promoción de los productos autóctonos. Si los requisitos se cumplen se autoriza a la localidad a utilizar el logotipo del caracol.
¡Qué cunda el ejemplo, paremos un poco nuestro ritmo de Vida: slowdown !

lunes, enero 09, 2006

No tenemos arreglo


Se supone que un país democráticamente avanzado dispone de una Administración y unas instituciones públicas independientes de la política partidista y que funcionan con criterios de profesionalidad y cumplimiento de la legislación vigente. Sin embargo, al menos tres acontecimientos recientes me inclinan a considerar a nuestras instituciones más cerca de un país tercermundista que de las democracias europeas:

a) El Tribunal de la Competencia dictaminando sobre la OPA de Gas Natural sobre ENDESA: la mayoría de los consejeros, propuestos por el PP, opina y vota contrariamente a como lo hacen los propuestos por el PSOE. No tengo ni idea de quien tiene razón, pero constato que las votaciones se hacen de acuerdo con la opinión de los partidos, lo que implica una evidente falta de independencia. Y, además, con criterios distintos a los que se aplicaron en otros casos, cuando gobernaba el PP.

b) Las Comunidades Autónomas gobernadas por el PP conceden más de mil licencias para televisiones locales que van preferentemente a grupos afines como la COPE, ABC, El Mundo o Jimenez Losantos. Practicamente ninguna para los del grupo Prisa. No me extrañaría que cuando el reparto corra a cargo de autonomías gobernadas por el PSOE las asignaciones sean a la inversa. ¿Porqué los medios de comunicación se han de repartir con criterios políticos y no de "calidad y pluralidad" como proclama falsamente el PP? ¿es que los medios más moderados y de mayor audiencia no tienen calidad? ¿y donde está la pluralidad si se margina a medios no afines al PP?

c) Y lo que nos faltaba: un generalote (el Teniente General Mena) irrumpe en el debate político sobre el Estatut con la velada amenaza de aplicación del artículo 8 de la Constitución que prevé la intervención del Ejercito para garantizar la soberanía e independencia de España, su integridad y el ordenamiento constitucional. Todo ello cuando el Estatut está en plena negociación de enmiendas en el Parlamento y como si no fuese el Gobierno y el propio Parlamento quienes tienen la exclusiva en cuanto a la aplicación de dicho artículo 8. ¡Todavía las secuelas del franquismo!

Lo dicho, no tenemos arreglo.

sábado, enero 07, 2006

La Pacha Mama

El arrollador triunfo de Evo Morales y el indigenismo en Bolivia constituye una gran incognita para casi todos. Ya es posible leer artículos completamente contradictorios en relación con este acontecimiento. La fundación FAES, liderada por Aznar, lo ve como un peligro para el liberalismo y la democracia en América Latina, una “región atenazada por la explosiva combinación de populismo e indigenismo bajo la sombra de la alianza entre Fidel Castro y el venezolano Hugo Chávez, tándem al que se ha unido el nuevo presidente boliviano Evo Morales”, por lo que Aznar se dispone a utilizar FAES para combatir el caudillismo populista que avanza en LatinoAmérica. En sentido opuesto, el intelectual izquierdista americano James Petras, especializado en América Latina, considera que Evo Morales tiene un fondo neo-liberal, aunque disfrazado con gestos populistas, que dejará los recursos naturales del país en manos de las compañías multinacionales sin más que un mayor control de la fiscalidad con avances sociales mínimos.
¿Quien tiene razón? Yo no lo sé, pero por las palabras de Evo Morales, en entrevistas televisadas, creo entrever, más que un izquierdismo socialista, un sentido ético de la sociedad y, sobre todo, una preocupación por la destrucción de la Madre Tierra (la Pacha Mama) a la que conduce la industrialización y urbanización sin control. No creo que un hombre con un sentimiento de respeto a la naturaleza propio de un aymara vaya a entregar los recursos naturales bolivianos al puro negocio especulativo impulsado por el mercado libre.
Bienvenidos los gobernantes que sienten preocupación por el mayor problema del futuro de la humanidad: el deterioro del Planeta amenazado por un consumo irracional.

viernes, enero 06, 2006

Viejos y jóvenes

Llamaremos viejos a las personas de más de 65 años y jóvenes a los de menos de 40. En nuestra cultura occidental, es claro que las preferencias de la sociedad se dirigen hacia los jóvenes. No es raro que a un viejo, para alagarle, se le diga: ¡está Ud. muy joven! o ¡parece Ud. más jóven! Frases que, para las culturas asiáticas (china o japonesa) serían una gran descortesía, casi cercana al insulto. Son culturas de gran carga moral, en las que la experiencia y la sabiduría de los años son un valor reconocido. Los viejos gozan de prestigio en la sociedad, por lo que detentan el poder y son escuchados.
Sin embargo, en el Occidente consumidor, un viejo está en una fase en que no produce nada ni consume en demasía. Tienen poco valor para el mercado, si bien están teniendo cada vez mayor valor para los poderes públicos ya que constituyen un yacimiento de votos muy considerable: más de 8 millones de votos. Lo paradójico del caso, es que los viejos nos vamos haciendo cada vez más conservadores (lo que conduce al voto de derechas) pero la gran mayoría está cada vez más necesitada de políticas públicas en sanidad, pensiones y atención social (lo que conduce al voto de izquierdas). Es una situación a partir de la cual, probablemente, la derecha política se empiece a plantear más seriamente las políticas sociales (lo que llevaría a aumentar impuestos) mientras que el PSOE plantea proyectos sociales irreales (Ley de Dependencia) ya que insiste en no aumentar impuestos. Es un indicio de que el PSOE se dirige claramente hacia los jóvenes (el futuro) antes que a los viejos. Una situación paradójica que se agravará en el futuro ya que, en 2050, la población española será la más anciana de Europa con un 35% de mayores de 65 años y la menor en población en edad de trabajar (53%). Un problema que solo se solucionará con la entrada masiva de trabajadores inmigrantes.
He dicho que los viejos tenemos tendencia a volvernos conservadores. Pero hay conservadores y conservadores. Es claro que todos estamos de acuerdo en muchas cuestiones: la necesidad de respeto y consideración hacia padres, maestros y educadores, la supresión de la drogadicción y la criminalidad, la erradicación de la pobreza, el cumplimiento de las leyes, la seguridad, la conservación del medio ambiente y de los edificios históricos, ciudades menos contaminadas con más parques y jardines ....
En lo que diferimos es en los métodos y formas de conseguir los objetivos: unos toman como modelo el sistema americano liberal, de fuerte penalización y de protección policial dura y otros planteamos un modelo socialdemócrata basado en la protección y la actuación social para reducir la criminalidad. Un análisis objetivo de los resultados inclinan claramente la balanza hacia el lado de las democracias noreuropeas: al precio de mayores impuestos hay más igualdad y seguridad. La marginación y la criminalidad se reducen considerablemente.

viernes, diciembre 30, 2005

Un programa imposible

En la última semana, miembros del Gobierno con el Presidente a la cabeza, han realizado declaraciones sobre los avances económicos y sociales de la actual legislatura. Es la repetición del complaciente "España va bien" al que el anterior Gobierno nos tenía tan acostumbrados. En mi modesta opinión, esta complacencia es lógica entre los conservadores, pero un Gobierno de izquierdas debería ser más crítico y más pegado a la realidad. Y la realidad, tal como yo la veo, dista de ser tan satisfactoria como se nos quiere hacer creer. Si nos atenemos a las promesas electorales, y al análisis realizado por los partidos que apoyan al Gobierno, habría que recorrer todavía un largo camino hasta superar los déficits que nos han dejado a la cola de Europa: el déficit social (educación, sanidad y atención a dependientes) que se agrandó durante la etapa de gobierno del PP (-7 % PIB) y el déficit científico y tecnológico (-2% PIB), además de los problemas de consumo de drogas, criminalidad y violencia de genero e infantil.
En un artículo anterior, "Las palabras y los hechos", me refería a la propensión de nuestros políticos a utilizar las palabras (en forma de Leyes o Proyectos de Leyes) antes que los hechos (que son caros) y a dar casi por resuelto un tema una vez formulado un texto, sin que antes se hayan establecido y probado los recursos necesarios para llevar a cabo la realización práctica de ese texto. Es la transposición de las realidades por lo que son solo deseos.
Y quizás no haya un ejemplo más claro de este tipo de operación que el del recientemente aprobado (en Consejo de Ministros) "Anteproyecto de Ley de Atención a las personas dependientes" al que el Gobierno se ha referido como el "cuarto pilar del Estado de Bienestar" fijando un gasto anual del 1% del PIB para 2015: unos 9.000 millones de euros. Una cifra respetable, aunque sea solo la tercera parte de lo que países como Suecia invierten en estos mismos servicios, pero que contrasta con los 400 millones presupuestados para 2006, después de admitir las enmiendas de IU y ER que duplicaron la propuesta inicial.
Lo primero que a un ciudadano normal, como yo, se le ocurre es leerse el referido Anteproyecto para ver en qué consiste. ¡Vano intento! No hay quien encuentre el documento (si existe) en las web de la Administración ni, al parecer, lo conocen las Instituciones más interesadas en el tema, si nos fiamos del artículo publicado en La Razón titulado "La Ley de Dependencia: el proyecto fantasma".
A falta de ese documento, para los más interesados, es útil echar un vistazo al Libro Blanco sobre atención a los dependientes que hace un exahustivo análisis del problema en España y de las soluciones implementadas en distintos países, advirtiendo que se trata de un documento de unas 1.000 páginas.
Hay muchas preguntas sin contestar en relación con esta futura Ley. Sobre todo las que se refieren a los cuidadores: ¿cuantos serán los propios familiares y cuantos los profesionalizados? ¿cómo se formarán?
Y, si las cosas se hacen bien, habría que hablar como mínimo de medio millón de cuidadores.
En todo caso, la realización práctica del Programa socialista para reducir nuestro déficit social y tecnológico con Europa debería suponer un incremento de gasto público no menor de un 5% del PIB. En tiempos de Felipe Gonzalez, la universalización de la educación, la sanidad y las pensiones (3 pilares del Estado de Bienestar) supuso un aumento de la presión fiscal de unos 6 puntos. Ahora, para poner en marcha el cuarto pilar, para lograr una posición tecnológica adecuada a nuestro nivel económico y para tener una sanidad y unas pensiones mínimas dignas de un país avanzado, hay que dar un nuevo salto de la presión fiscal del orden del 5% del PIB, pasando del 35% actual a un 40%.
Sin embargo, el Presidente del Gobierno proclama que "bajará los impuestos a trabajadores y empresas". No está mal, pero tendrá que subirlos en otros capítulos (hidrocarburos, alcohol, tabaco...) en que las subidas contribuyan a disminuir una demanda indeseada y, sobre todo, el Gobierno deberá dar un buen bocado al dinero negro y al consiguiente fraude fiscal. Todo ello, puede reportar hasta un 2% o 3% del PIB, lo que es claramente insuficiente.
El programa del Gobierno se convertirá, presumiblemente, en un programa imposible.

P.S: Posteriormente a este escrito ha salido, en la web de Presidencia del Gobierno, una nota sobre la Ley de Autonomía Personal y Dependencia con algunos datos de financiación, por cierto bastante inferiores a la cifra del 1% del PIB que había apuntado como insuficiente.


sábado, diciembre 24, 2005

Efectos indeseados

Una de las características más comunes de nuestra cultura hispana es el rechazo a la crítica de lo que consideramos propio, por parte de foráneos. Y la necesidad de que estos mismos foráneos alaben lo que consideramos nuestro.
Un amigo que vivió en la República Dominicana me dijo que, en animada conversación con algunos nativos dominicanos, y a la vista de que ellos criticaban duramente la situación y la cultura de su país, se sintió libre para criticar,a su vez, a ese país. La reacción inmediata fue una andanada de imprecaciones del estilo: gringo cabrón, vete a tu país si esto no te gusta ....! Este tipo de respuesta es también muy común en España, no solo frente a los extranjeros sino también frente a los que provienen de otras zonas o, incluso, frente a los del pueblo vecino.
Por eso, no hay nada que aglutine más a un grupo humano de cultura hispana que el ataque por parte de alguien a quien se considera foráneo o extranjero. Ya en tiempos de Franco cuando la situación después de la derrota de Hitler había debilitado bastante al régimen, la condena a España por parte de las potencias democráticas en las Naciones Unidas (UNO según las siglas inglesas) tuvo el efecto indeseado de reforzar la popularidad del franquismo. En las manifestaciones de apoyo se decía: ¡si ellos tienen UNO nosotros tenemos DOS!
Probablemente, uno de los refuerzos más potentes con que cuenta el régimen cubano de Fidel Castro es la actitud hostil de los EE.UU y el bloqueo económico. Fidel lo sabe y lo utiliza hábilmente.
Y, en nuestro país, no hay nada tan efectivo para generar nacionalismo, en el País Vasco o Cataluña, como la actitud beligerantemente antinacionalista del españolismo rampante de la derecha. Una actitud que fácilmente se convierte en antivasquismo o anticatalanismo, como ha quedado bien patente con el intento de boicot a productos catalanes.
Se podría decir que, en la jerarquía de necesidades de la escala de Maslow, la mayor parte de los ciudadanos de nuestra cultura se sitúan en el nivel de necesidades sociales de pertenencia a grupos, sean estos su lugar de nacimiento, su peña o hermandad, su partido político o su equipo de futbol. Es un nivel en el que los individuos se sienten reforzados o protegidos por la pertenencia a un grupo más fuerte que ellos mismos. En las culturas noreuropeas vemos una mayor individualidad que, paradójicamente, da como resultado actitudes más cooperativistas entre los distintos grupos para lograr objetivos comunes que puedan favorecer a todos. Algo que se dió en nuestro país, para la transición democrática, pero que hoy ha desaparecido casi totalmente. Me parece absolutamente inviable el entendimiento, para gobernar juntos, de los dos grandes partidos rivales, PP y PSOE, aún cuando sus políticas reales estén más próximas de lo que se pueda pensar. Un entendimiento que es muy común en el Norte y Centro de Europa (Alemania, Suecia, Finlandia...).
No seremos un país avanzado mientras que no seamos capaces de dialogar civilizadamente entre los diferentes grupos políticos y de hacer críticas razonadas no solo de los otros sino, principalmente, de los propios o los más próximos a nosotros. No hay nada políticamente más destructivo que la blanda complacencia con lo propio y la crítica irracional (y hasta insultante) del otro.